JOSÉ DIEGO BEKER MIGDAL

CCO DE BEKER SOCIALAND GROUP

 Anécdota de su inicio en el medio publicitario

Inicié con Carlos Alazraki, en el nacimiento de su agencia. Él tenía una visión muy fresca de lo que quería hacer creativamente y yo, con mis 24 años que tenía en ese momento, tomé la posibilidad de poder trabajar ahí, y fue casi como un juego. Mi carrera la hice trabajando.

Llego a México con una maleta, una guitarra y cien dólares. Uno es del país donde se siente feliz y yo no lo era en aquel entonces en Argentina. Amo Argentina, me gusta y la disfruto, pero nunca me sentí parte. Había dos caminos: quedarme frustrado o buscar un espacio donde sentirme cómodo. Cuando llego a México a fines del 89-90 me doy cuenta que estoy en el lugar donde quería estar.

Venía a trabajar en eventos y paradójicamente organicé la fiesta (Bar-Mitzvá) de los 13 años de Gary Alazraki -hoy director de cintas como “Nosotros los nobles” o la serie “Club de Cuervos”-. Conozco a su papá, Carlos Alazraki, y de alguna manera él ve en mí cierto potencial y me da la posibilidad de integrarme a su agencia, que en esos momentos tendría unas 20 personas. Me tocó el aprendizaje de la publicidad con él; lo primero que entendí e intuí era que había que hacer publicidad callejera muy mexicana. Me percaté que la radio que era un elemento muy importante, podía conectar de una manera muy callejera con la gente. Fue así que con Carlos hicimos de la radio en México un pilar poderoso en los noventa. Esos fueron mis comienzos.

Era muy divertido trabajar con Carlos porque era pelotear creativamente con él. Carlos tenía entonces 45 años, ya era uno de los grandes de la publicidad pero estaba a punto de explotar. Su agencia paso en tres años de 20 a 150 personas en 1993.

Él me regañaba todo el tiempo, me decía: “Mira Pepe, yo te contraté para que digas mil pendejadas al día, no 999 ni 1001, mil al día”. Un día dijo: “Este cabrón dice tantas cosas que una le pega”. Y parte del proceso creativo tiene que ser soltar, y en esta manera extrovertida de ser y entendiendo cómo era el negocio, al final me di cuenta de que la creatividad se podía hacer de una manera más orgánica, mucho menos estructurada.

Veníamos de la época de ‘Mad Men’ en donde había cierto patterns para trabajar publicidad, por lo que esta desfachatez de Carlos me potenció. Encontramos un estilo, aprendí de él y lo comencé a trabajar.

En 1992, recuerdo muy bien que Carlos me dijo: “Quiero que hagas dupla con esta persona”. Entonces llegó un chavito de 18 años, era Carlos Slim Domit. Nos dio a los dos para trabajar la marca Crema Teatral Líquida. Hicimos entonces un anuncio que resultó ser algo insólito. Poco después, Alazraki se me acercó para decirme: “Pendejo, te acabas de ganar el primer oro de la historia de México en un festival (fue el de Nueva York). Te vas conmigo a recibirlo”. Yo no sabía lo que era.

Estaba tan feliz y emocionado que volví a mi casa, pero vivía solo. Le cuento al portero del edificio -don Antonio- y me contestó que no sabía de qué se trataba pero que me felicitaba y me dio un abrazo. Ese día fue bastante emocional para mí porque era ganar un premio importante, me iba a Nueva York por primera vez y a recibir un primer oro para México, pero no tenía con quién compartirlo familiarmente. Me parece que fue un día con una gran emoción positiva por un lado, pero con una tristeza muy grande por el otro. Sin embargo, 30 años después, México ha sido le mejor lugar para mí, cosechando y aquilatando un sinnúmero de alegrías y satisfacciones.